El psicoanálisis de sesiones largas
Véronique CaillatUna versión de este artículo apareció en Nervure - Journal de Psychiatrie, n.º 3 - Tomo XXI, 04/2008, pp. 14-17, con el título «La micropsychanalyse».
El psicoanálisis de Sesiones Largas, instaurado por Silvio Fanti en los años mil novecientos cincuenta con el nombre de micropsicoanálisis, procede del psicoanálisis freudiano. Se trata de un método asociativo de investigación del psiquismo que se caracteriza por “sesiones largas” (sesiones cotidianas de tres horas) y de “recursos técnicos” (estudio durante la sesión de documentos personales como fotografías, correspondencia…). Estas innovaciones prácticas potencian la dinámica asociativa y facilitan la verbalización, así como las abreacciones. Así, es posible analizar los contenidos psíquicos hasta llegar a los más pequeños detalles y a los elementos reprimidos inconscientes.
Las innovaciones del psicoanálisis de sesiones largas se dirigen específicamente a las asociaciones libres, las cuales constituyen el pivote del método puesto a punto por Freud para descifrar el inaccesible inconsciente y su memoria genealógica. Estas innovaciones amplían el campo y la profundidad del proceso asociativo dotándolo de un ritmo que le asegura una continuidad a lo largo del trabajo analítico. Poniendo en evidencia los ínfimos detalles de la vida actual y pasada, familiar y ancestral, las innovaciones prácticas favorecen la elaboración de la intimidad corporal, psicoafectiva y relacional uniéndola fisiológicamente a vivencias útero-infantiles y a esquemas filogenéticos, dejando así al descubierto las líneas repetitivas.
El psicoanálisis de sesiones largas estimula la puesta en conciencia, y en ocasiones la toma de conciencia, de formaciones psíquicas patógenas, de deseos críticos, así como de las defensas que éstos suscitan. Gracias al trabajo en sesiones largas, la elucidación de los conflictos neuróticos y el equilibrado de las tensiones psíquicas se realizan más rápidamente, de manera más natural y en el sentido global de una homeostasis psicocorporal.
Las repercusiones asociativas y los resultados clínicos obtenidos con este nuevo método, han permitido redefinir numerosos aspectos del modelo teórico freudiano. Su metapsicología sitúa lo psíquico en una dimensión psicobiológica que da su verdadero valor al ello de Groddeck; inscribe al hombre, sus bases energéticas (estructurales) y sus bases dinámicas (pulsionales), en un modelo universal llamado por Fanti “Organización energética del vacío”.
Las sesiones largas
Definición
“Sesiones de varias horas, tres o cuatro de media, que tienen lugar todos los días o al menos cinco veces por semana”. Las sesiones largas constituyen el módulo principal del psicoanálisis de sesiones largas. Los dos parámetros característicos, la duración y la frecuencia, son complementarios e imprimen un ritmo propio a la dinámica asociativa de las sesiones largas.
¿Por qué sesiones de tres horas?
El analizado debe de disponer de tiempo para sentirse cómodo en la situación analítica, desconectar del espacio-tiempo habitual, irse soltando poco a poco, dejarse ir, aceptar las asociaciones tal como van viniendo y seguirlas a través de las asociaciones de palabras. Así, las preocupaciones aparentemente fútiles, los problemas cotidianos, los incidentes puntuales, incluidos los imprevistos que suceden al venir a la sesión, pueden ser contados sin que el analizado trate de cortocircuitarlos para ir directamente a lo que él cree esencial. La verbalización de estos hechos banales, que a menudo le enerva y puede parasitar por completo una sesión corta, sirve en sesión larga de paso al proceso asociativo y permite, generalmente sin que el analizado se dé cuenta, conectar el material actual con el material vital.
Para respetar este espacio-tiempo asociativo, se eliminan las referencias horarias; particularmente el analizado quita su reloj y se tiende sobre el diván. Sin estar estresado por los minutos que pasan, tiene el tiempo disponible para revivir su historia en detalle, visualizarla, detenerse en las imágenes; puede ir hasta el final de sus abreacciones así como de sus silencios, en particular de los silencios de la superación de una resistencia, la asimilación de una intervención o los de una toma de conciencia inesperada...
A lo largo de una sesión de tres horas, el pensamiento racional, la asociación lógica, la preocupación cognitiva, en una palabra, lo mental, dan paso más fácilmente y más rápidamente a lo psíquico y sobre todo al preconsciente en el que se desarrolla el pensamiento en asociaciones libres, alimentado por la vida, así como por las ramificaciones del inconsciente pudiendo materializarse en la verbalización. Este cambio de ideación, por supuesto, depende del insight y de la capacidad asociativa del analizado, de su tipo de neurosis y del avance de su trabajo. A este respecto, es interesante resaltar que la neurosis obsesiva con sesiones de tres horas, ya no representa una contraindicación analítica. En sesiones largas, los circuitos mentales pierden su rigidez y tienden a abrirse; la lenta elaboración de las obsesiones, de los rituales, del control, de la duda y de las inhibiciones, acaba por permeabilizar la coraza defensiva; las representaciones salen de su aislamiento-anulación, comienzan a circular asociativamente y pueden encontrar su afecto correspondiente para expresar verdaderas emociones.
Sin embargo, aunque la sesión de tres horas es el crisol de la transformación de la ideación mental en ideación psíquica haciendo posible la conexión entre el inconsciente, el preconsciente y la verbalización asociativa, esta transformación implica igualmente la cotidianeidad de las sesiones. El bucle asociativo, que veremos más adelante, constituye para el analista una demostración y una prueba de la complementariedad entre la duración y la frecuencia de las sesiones.
¿Por qué las sesiones cotidianas?
Las sesiones de tres horas y todos los días, o como mínimo cinco veces por semana, instauran un ritmo asociativo que, por experiencia, parece ser la respiración fisiológica del psiquismo. Acaban por integrarse naturalmente en el día a día del analizado e incluso por convertirse en el elemento central. Así, el analizado se mete más rápidamente en la sesión y en la intimidad de su material. Una vez instalado, este ritmo se mantiene preconscientemente de una sesión a la otra, con tal de que no haya más de un día de intervalo. A este respecto esto recuerda “la coraza del lunes” de la que hablaba Freud para expresar las resistencias de sus pacientes provocadas por la pausa del fin de semana. El ritmo asociativo se ve particularmente a la hora del análisis del sueño; por ejemplo, un detalle diurno cualquiera, así como una secuencia asociativa o un fragmento de intervención del analista, es utilizado por el trabajo nocturno del sueño, se encuentra de nuevo al día siguiente en el relato del sueño (contenido manifiesto) y se elabora en secuencias asociativas que, a su vez, alimentan el sueño de la noche siguiente….; así, un mismo elemento puede presentarse, más o menos elaborado, en los sueños de varias noches consecutivas formando una sucesión o auténticas series oníricas.
Complementariedad duración-frecuencia de las sesiones
El efecto de esta complementariedad duración-frecuencia se manifiesta con una gran precisión en el bucle asociativo que comienza a formarse cuando el analizado se ha familiarizado con la situación analítica, cuando ha asimilado la regla fundamental y se ha instalado en un ritmo de trabajo cotidiano. En una primera aproximación, el bucle asociativo puede ser considerado como sigue: un tema (sujeto, suceso, personaje, sentimiento…) es evocado al principio de la sesión entre numerosos otros temas; después viene la elaboración asociativa en la que se aborda este tema y, a menudo, desaparece como tal; después de dos a tres horas de sesión, reaparece tal cual o bajo forma de un tema cuya elaboración ha revelado su naturaleza de equivalente físico, corporal o afectivo. Se constata así que el encadenamiento asociativo del material de la sesión ha formado un bucle.
En una segunda aproximación, el bucle asociativo desvela su sentido con el trabajo ecuacional del analista. En su escucha en atención flotante, el analista percibe los diferentes temas que el analizado verbaliza, sigue su desarrollo, sitúa los temas a los que conduce, sigue su evolución asociativa….
En resumen, su trabajo consiste en poner en evidencia en la trama del material series de temas significativos o privilegiados, es decir, temas que presentan conexiones preconscientes y que tienen el valor de equivalentes con relación a temas nucleares inconscientes que corresponden a vivencias útero- infantiles específicas. Así pues, el trabajo del analista es ecuacional ya que su objetivo es poner en evidencia en el preconsciente, secuencias de equivalentes psicobiológicos que tengan idénticos referenciales inconscientes. Con este esquema ecuacional, se puede ver el bucle asociativo según el esquema siguiente: un tema inicial se desarrolla asociativamente – da lugar a diferentes temas que a su vez se desarrollan y forman una trama asociativa – de donde salen temas significativos o privilegiados que se inscriben en una ecuación de equivalentes psicobiológicos – cuya elaboración hace que vuelvan a aparecer (después de dos o tres horas) el tema inicial o un equivalente directo. En ese momento, el analista sabe que lo reprimido ha podido efectuar su retorno, traspasar las censuras y que las ramificaciones agresivas o sexuales han podido aflorar de sus núcleos útero-infantiles.
Para el psicoanalista en sesiones largas, el bucle asociativo es un punto de referencia de una gran importancia. Confirma la adecuación del binomio duración-frecuencia de las sesiones y certifica que estos dos parámetros tienen una complementariedad funcional. Rubrica la cualidad del ritmo asociativo del material, indica que el analizado está en modo de trabajo de elaboración larga y profunda y que la superación de las resistencias se efectúa de manera fisiológica. En resumidas cuentas, es la prueba de que las ecuaciones se forman y que aseguran la comunicación entre la actualidad, la memoria preconsciente y la memoria inconsciente.
Posibilidades de modulación del binomio duración-frecuencia
Las posibles modulaciones del ritmo de trabajo forman parte de la plasticidad del psicoanálisis de sesiones largas, es decir, de su capacidad de tener en cuenta la personalidad del analizado, su edad y la particularidad de su neurosis. En realidad, si se quiere mantener un ritmo asociativo que permita que se hagan los bucles asociativos, no se debería reducir en absoluto la duración de la sesión: prácticamente, el analista no puede jugar más que con la frecuencia, en todo caso sin que baje de tres sesiones por semana.
Recursos técnicos
Definición
Se denomina “recurso técnico” al estudio en sesión por el analizado de documentos variados en relación con su intimidad en mayor o menor medida. Así, a lo largo de un psicoanálisis completo, el analizado estudia de manera descriptiva y después asociativa: 1) su árbol genealógico hecho por él mismo 2) sus fotografías personales y familiares 3) los planos de los lugares donde ha vivido desde su nacimiento y que él ha dibujado de memoria 4) su correspondencia, en particular amorosa, y sus escritos: diarios, cuadernos de escuela, notas de viajes, poemas… Y por último 5) la escucha de algunas sesiones grabadas durante el trabajo, sobre todo al final de su análisis.
Estos son ayudas que necesitan estar inscritas en las sesiones largas para desarrollar su propia eficacia psíquica.
Se comprende que sesiones largas y recursos técnicos sean inseparables.
Este conjunto da su cohesión al edificio técnico del psicoanálisis de sesiones largas y lo dota de auténtica consistencia. Las sesiones largas confieren a los recursos técnicos una naturaleza analítica inscribiéndolos en un ritmo auténticamente asociativo, mientras que los recursos técnicos al estimular, apuntalar y dar consistencia a la dinámica asociativa, proporcionan un índice de realidad a la experiencias actuales y pasadas que el analizado ha verbalizado y facilitan el establecimiento de una continuidad temporal y psicocorporal sobre las que podrá situar la emergencia de sus repeticiones así como de sus fantasmas.
Los recursos técnicos, al llevar al analizado a reconectar con sus vivencias interiorizadas a partir de las grandes funciones psicobiológicas, a familiarizarse con elementos de su interioridad sexual y agresiva hasta en sus facetas ancestrales, contribuyen a volver a dar al cuerpo el papel y el valor que Freud le asignaba: el cuerpo es la sede de nuestras primeras necesidades vitales, de sus satisfacciones así como de nuestras frustraciones, de nuestras excitaciones, placeres y displaceres iniciales; ahora bien, es la interiorización de todas estas experiencias corporales lo que constituye el origen del psiquismo, de nuestra memoria reprimida, de la mecánica inconsciente de nuestros deseos y de sus realizaciones, de nuestras defensas y de su sistematización, de nuestros fantasmas agresivos y sexuales; de ahí que el cuerpo (cerebro y función mental incluida) está en interacción constante con lo psíquico y que, por lo tanto, las pulsiones son los vectores de las translaciones biopsíquicas y psicobiologicas.
Técnica
Desde el punto de vista práctico, un recurso técnico se introduce a lo largo de un análisis en un momento preciso, determinado por el tipo de material estudiado, la dinámica global del trabajo y el contexto asociativo inmediato, sin que sea tenido en cuenta la sintomatología, con el fin de ser neutro y no prestarse a dar lugar a la preocupación terapéutica. Cada recurso técnico obedece a reglas de utilización rigurosas y específicas de las cuales aquí no es el sitio de ocuparnos de ellas. De manera esquemática, el estudio se desarrolla siempre en dos tiempos complementarios: durante la primera hora de sesión el analizado, sentado en torno a una mesa, observa y describe los documentos hasta en sus más pequeños detalles; después, durante las dos horas (o más) que siguen, la sesión se desarrolla como de costumbre, sobre el diván donde el analizado se deja ir y continúa con sus asociaciones libres. Para que la descripción sea seguida de un tiempo de elaboración suficiente, a veces se prolonga la sesión una hora más. El estudio de un recurso técnico, en general se efectúa a lo largo de diez o doce sesiones consecutivas y puede ser retomado ulteriormente (lo que ocurre siempre en el estudio de las fotografías).
Estudio descriptivo
La observación y la descripción detalladas de un material variado, ponen al analizado frente al conjunto de su vida y a la de su familia. El analizado tiene tiempo para familiarizarse con los documentos estudiados, para entrar en la atmósfera de su contenido, para impregnarse de ella y de interiorizarla. Gracias a un estudio minucioso que lo lleva progresivamente a superar su visión selectiva, focalizada y proyectiva – fruto y fuente de prejuicios-, llega a descubrir de donde viene, como eran sus padres cuando eran jóvenes, quien eran sus antepasados… Se reencuentra con su cuerpo de bebé, sigue su desarrollo físico y caracterial con sus constantes y sus cambios, localiza sus parecidos, los mimetismos, los desequilibrios más o menos pasajeros que es capaz de situarlos cronológicamente, incluso causalmente (por ejemplo, a partir de una serie de fotografías de infancia, podrá poner en evidencia una correlación temporal- que no excluye un determinado desfase- entre la instauración de su repliegue total y la substracción de la carga de su madre que se convierte de repente en psíquicamente ausente, como una madre vacía o muerta). También se empapa de los lugares en los que ha vivido y en los cuales se han inscrito las experiencias infantiles que han presidido a sus interiorizaciones, base de su desarrollo psicobiológico. El estudio de la correspondencia acaba implacablemente por poner palabras a las cosas y a las emociones y puede confrontarlo con sus vivencias o revelar discordancias, incluso oposiciones, o sacar a la luz cosas que se han callado y secretos. Este estudio le hace revivir casi “en directo” sus estados de ánimo, su manera de pensar y, a menudo precisa la época en que comienzan a manifestarse sus angustias existenciales, sus miedos fóbicos, su depresión, sus dudas obsesivas… A lo largo de su trabajo, el analizado entra más profundamente en su intimidad corporal, afectiva, mental, geográfica y constata el contenido agresivo y sexual de las relaciones con y entre sus allegados.
Dicho de otra forma, el analizado se reinscribe en su historia personal y ancestral y, más allá de sus reconstrucciones substitutivas (que analizará) o las informaciones subjetivas dadas por su entorno, es capaz de situarla en una realidad relativamente objetiva, de comprender las constantes y de situar sus grandes líneas de repeticiones onto-filogenéticas así como sus itinerarios fantasmáticos. En lo que respecta al analista, éste se beneficia grandemente de estas informaciones que dan a sus intervenciones un apoyo y referentes fundados en la realidad observada, disminuyendo, incluso excluyendo el riesgo de una reconstrucción especulativa o de una interpretación abusiva.
Estudio asociativo
El interés esencial de un recurso técnico reside sin embargo en la elaboración asociativa que sigue a la fase de observación-descripción. Más allá de la realidad objetiva que revelan, los documentos estudiados conducen al analizado a una realidad objetal, es decir, a las vivencias interiorizadas que representan los determinantes de la ontogénesis.
Por el ritmo asociativo que impulsan, las sesiones largas permiten que los datos percibidos a lo largo de la observación-descripción, se integren asociativamente y progresivamente en el conjunto del material. En efecto, el objetivo de un recurso técnico no es suscitar o provocar recuerdos o abreacciones, sino el dar un índice de coherencia a un material en elaboración. Sobre el diván, el analizado puede desarrollar intencionalmente y después, poco a poco, sin que lo sepa, según un determinismo asociativo, un elemento cualquiera estimulado durante una descripción (a veces un microdetalle); este elemento se infiltra y se diluye en el flujo de las asociaciones libres, se articula con diferentes episodios de la vida, a detalles provenientes de otros recursos técnicos, a fragmentos de sueños…. formando secuencias, después líneas asociativas que les permiten encontrar sus correspondencias con determinadas vivencias interiorizadas a lo largo de la vida útero-infantil. Por ejemplo, un detalle del plano de la cocina de su infancia vuelto a tomar en el material asociativo, puede conducir a vivencias reprimidas de olores familiares y acogedores, o al contrario, de voracidad, de hambre frustrante …. y hacer emerger sus deseos correspondientes de unión fusional o al contrario de agresividad oral, de venganza. Es precisamente la puesta en correspondencia asociativa de un elemento observado con un elemento procedente del inconsciente, lo que da al documento su peso existencial.
Los diferentes recursos técnicos acaban por completarse entre ellos, nutriendo la trama asociativa: un detalle fotográfico evoca un fragmento de correspondencia que reenvía a un lugar de la infancia que recuerda una faceta genealógica… Todas esas cadenas de informaciones son introyectadas, convergen y se juntan en virtud de analogías, de correlaciones, de parecidos y de equivalentes preconscientes para al final, conectarse a elementos de realidad inconsciente. Así, el auténtico trabajo de rememoración, se potencia en su globalidad, un trabajo asociativo que lo que hace es crear memoria más que reactivar recuerdos en sí mismos. Un pasado que se va a reconstituir, o más bien se va a reconstruir-construir uniéndose a lo actual, pero a partir de elementos verdaderos.
Desarrollo de un psicoanálisis de sesiones largas
Las sesiones largas con la complementariedad duración-frecuencia que introducen, dan a la dinámica asociativa un ritmo y una continuidad que hacen que el trabajo sea más fisiológico. Por su parte los recursos técnicos refuerzan este valor añadido asociativo y dan coherencia a las interacciones entre lo psíquico, el cuerpo y la realidad, a la vez que una cohesión entre la ontogénesis y la filogénesis.
La continuidad y la coherencia que asegura un tal dispositivo técnico tiende a dar seguridad al analizado ante lo desconocido y, finalmente, al misterio que representa la andadura psicoanalítica. Sin que comprenda exactamente ni racionalmente lo que pasa en el interior de sí mismo, el analizado sabe que él es el centro de un proceso del que percibe el hilo conductor. En lo que se refiere al analista, este dispositivo le da puntos de referencia seguros, criterios precisos de avance del trabajo y de intervenciones adecuadas, lo que le permite conservar su atención flotante y su neutralidad.
Las grandes etapas de un psicoanálisis de sesiones largas
El esquema clínico y técnico de un psicoanálisis de sesiones largas es mucho más visible para el psicoanalista: sus etapas, sus niveles, sus umbrales críticos, sus rupturas, sus desviaciones y sus reanudaciones.
Primera etapa: la historia de la persona
Familiarizándose con la situación analítica e intentando conformarse a la lógica asociativa de la regla fundamental, el analizado comienza a contar su vida, a partir de donde y de lo que quiera. Aprende a dejarse decir lo que se le viene a la cabeza, pero teniendo como telón de fondo la trama de su vida actual y pasada. Poco a poco, descubre la importancia que tienen los detalles, a veces por sí mismos, pero sobre todo como hilos conductores de hechos, lugares, personas y sentimientos. Aparecen las líneas repetitivas de su existencia, se trazan y se prolongan, cada vez más inesperadas, de ahí la importancia de hacer en sesión un primer esbozo de árbol genealógico y visualizar algunas fotografías para dar cuerpo a los personajes clave mencionados en el material. La continuidad asociativa se instala e insufla un ritmo que tiende a pasar de una sesión a la siguiente. La historia de su vida toma forma y consistencia, su identidad se dibuja con sus adquisiciones, sus faltas y sus vacíos.
Un primer tramo de psicoanálisis de sesiones largas constituye el inicio de un auténtico conocimiento de sí mismo, una prueba inédita de honradez que desmonta muchos a priori y prejuicios. Puede bastar para equilibrar una neurosis ligera, para arreglar problemas actuales, para aliviar una ansiedad o un estrés, miedos o tensiones pasajeras. La verbalización asociativa en sesiones largas, a menudo permite, y sin que el analista tenga que hacer una intervención de tipo psicoterapéutico, evitar repeticiones negativas o fastidiosas. Es la razón por la cual un primer tramo siempre es positivo y benéfico, lo que explica que algunas personas no sientan necesidad de seguir su trabajo analítico. En todo caso, es recomendable hacer un trabajo de este tipo antes de una decisión determinante: matrimonio, proyecto de hijo, divorcio, decisión relativa a una herencia, elección o cambio de profesión… En particular está indicado un primer tramo a las mujeres al principio del embarazo con el fin de prevenir trastornos endo y exógenos o también para los que sufren inquietud al acercarse a la senescencia.
La duración media de esta primera etapa es de ciento veinte a ciento cincuenta horas. Conduce naturalmente a un material actual y vital que lleva cada vez más la intimidad psicocorporal, relacional y familiar.
Segunda etapa: la intimidad
El analizado se implica más en su trabajo asociativo. Su naturaleza propia comienza a revelarse como por ejemplo los detalles de su vida privada y profesional. Se permite hacer descripciones cada vez más precisas de su cuerpo, tanto desde el punto de vista morfológico y comportamental como desde el punto de vista de las costumbres de la vestimenta, de la alimentación, de la higiene y de la salud. Esta descripción detallada se extiende a la vida emocional, caracterial y sentimental. La sexualidad aprovecha de este contexto para verbalizar las masturbaciones, juegos amorosos y coitos. Aparecen los primeros sueños consistentes y las fantasías dejan entrever los fantasmas subyacentes. Los elementos transferenciales infiltran naturalmente el material y el analista es proyectivamente amalgamado a determinados personajes importantes de la vida. A este respecto, las relaciones sociales entre analista y analizados (comidas en común con una cadencia prevista) tienen una gran importancia: permiten salir de la dimensión “paralela” de la sesión e inscribirse en una relación personalizada.
Gracias al estudio de las fotografías y eventualmente a los dibujos de los lugares, se incluye paulatinamente toda esta intimidad en las líneas de repeticiones que conducen a la infancia y a la relación edípica.
Tercera etapa: el complejo de Edipo
La profundización asociativa de la intimidad psicocorporal hasta llegar a sus vivencias útero-infantiles y filogenéticas, pone al descubierto a Edipo. En sesiones largas, Edipo no se reduce al famoso triángulo hijo-padre-madre, sino a un conjunto interactivo de pulsiones y de deseos agresivos y sexuales, de tabúes y de defensas, de amor y de odio con sus innumerables equivalentes (fidelidad, celos, rivalidad, revuelta, venganza…) En efecto, aunque existe una polaridad edípica: el polo incestuoso (deseos de poseer o de ser poseído, de hacer el amor, de penetrar o de ser penetrado, de tener o de hacer un hijo) y el polo homicida (deseo de matar en sus diferentes modalidades), el material en sesiones largas demuestra que esos dos polos no están tan unilateralmente determinados como se pretende decir, por un lado, están en interacción y presentan facetas que se conjugan o están en conflicto; por otro lado, las mociones de incesto y de homicidio del niño y de la niña pueden (al menos en parte) dirigirse al mismo polo parental. Es en este sentido, en el que Edipo es un complejo y que la importancia relativa de sus diversos elementos debe de ser cuidadosamente puesta en evidencia para poder evaluar la particularidad de deseos en juego y su intensidad. Todos estos deseos chocan contra potentes tabúes filogenéticos cuya transgresión hace exponerse a la castración. Con Edipo y la castración, se está en el corazón de la fase fálica que constituye la base de la genitalidad y da forma a nuestros futuros sustitutos. Pero, en este momento del trabajo, la castración fálica no puede más que empezar su elaboración, dado que su represión inicial se sitúa en la relación primaria madre-(feto)niño. También, a partir de Edipo, la línea de elaboración se orienta naturalmente hacia la madre de los primeros dieciocho primeros meses, cortocircuitando la fase anal. En efecto, se ve que los tema ligados al núcleo materno como la posesividad, los celos, la dependencia, el abandono, la exclusión… la aniquilación, son predominantes. Este cortocircuito contraviene el esquema freudiano del esquema de un análisis que se desarrollaría geológicamente volviendo a recorrer las fases ontogenéticas de los estratos más recientes a los más arcaicos: fase fálica – fase anal –fase oral. Mientras que en sesiones largas se produce fisiológicamente, este cortocircuito plantea problemas a menudo irresolubles fuera de este marco. Sea como fuese, es inútil forzar el trabajo acerca de la castración y de la fase anal antes de que se haya elaborado el complejo materno.
Cuarta etapa: el complejo materno.
Se trata de las interacciones entre el embrión-feto y la madre uterina (fase iniciática), de la vivencia del nacimiento y de la relación del niño con su madre durante los quince primeros meses (fase oral). Dependiendo de las características maternas provenientes de la elaboración de Edipo, el desarrollo asociativo se hará más bien en el sentido del componente defusional (seis a doce meses) y dejará emerger vivencias de rechazo, de abandono, de exclusión… así como de deseos-fantasmas de destrucción canibalística, o bien en el sentido de la fusión (hasta los seis meses) y estimulará vivencias de dependencia, de posesividad-celos… así como de deseos-fantasmas de aniquilación. Después estas líneas de elaboración convergen hacia el nacimiento, en particular las condiciones y las circunstancias del parto; si, después el nacimiento puede representar una liberación, el parto consiste en un cuerpo a cuerpo a menudo sangriento entre la madre y su hijo-pene cuya separación no puede hacerse más que en la ambivalencia. Aquí se entra de lleno en la vivencia traumática fundamental del niño que ha sido concebido y se vive como el pene de su madre a la vez que percibe que ella no lo tiene. Dilema existencial inicial pues “si mi madre no tiene pene, yo no existo”. La elaboración de lo que P. Codoni llama la “castración primaria” va a permitir al analizado volver asociativamente a la castración fálica, repermeabilizar Edipo y entrar fisiológicamente en la fase anal.
Quinta etapa: la dinámica anal
La dinámica anal es la que presenta más resistencia a la investigación analítica pues pone en juego pulsiones de apresamiento y procesos de control altamente agresivos en la medida en la que deben asegurar una apertura psicocorporal del niño hacia el mundo y los demás, lo que equivale a un cambio radical de identidad: el paso del estado fusional-defusional y narcisístico al estado de persona completamente a parte. En adelante, el sistema pulsional debe regular rigurosamente la supervivencia del niño, su seguridad, su autoconservación, el manejo esfinteriano de los orificios fisiológicos (órganos de los sentidos incluidos) que mantienen el equilibrio entre el interior y el exterior de su cuerpo y, desde el punto de vista psíquico, la interiorización de las vivencias y su memorización en el inconsciente. Su agresividad vital, fuertemente solicitada para salir de su dependencia total y preservar su autonomía, tiene tendencia a embalarse o a bloquearse, lo que conduce a poner en marcha un dispositivo defensivo muy sofisticado: el aislamiento para controlar mejor y evitar la pérdida de control activando el miedo a la castración así como el miedo a morir, la anulación retroactiva para intentar borrar las limitaciones que implica el aislamiento, y la formación reactiva para hacer lo contrario del control y del aislamiento. Toda esta mecánica compleja, pero de una precisión extrema es el trasfondo de la neurosis obsesiva sistematizada o de una de sus variantes menores: la neurosis de fracaso, la neurosis de carácter, los trastornos obsesivos-compulsivos… Esta mecánica anal es tan poderosa y de tal necesidad vital que infiltra retroactivamente la fase iniciática-oral y anteroactivamente la fase fálica.
La intrincación de la agresividad de apresamiento, sobre todo bajo su forma de control esfintérico, y de la erogeneidad anal, encuentra su expresión en el sadomasoquismo: el placer o el disfrute sexual proviene del sufrimiento infligido o sufrido en el dominio psicocorporal yendo hasta la cosificación. Los componentes sádicos y masoquistas son interdependientes. La descripción minuciosamente detallada del material cotidiano permite tomar conciencia de las sutilidades empleadas para exacerbar el sadismo del otro hasta la descarga de sus propias pulsiones masoquistas.
Esquemas prácticos de un psicoanálisis de sesiones largas
Si tenemos en cuenta las grandes etapas que caracterizan el desarrollo asociativo del trabajo en sesiones largas, son posibles dos esquemas prácticos: el psicoanálisis de sesiones largas continuo y por tramos.
El psicoanálisis de sesiones largas continuo
Idealmente puede hacerse más o menos en un año. Es una experiencia extraordinaria, posible en neurosis ligeras, bien compensadas y en las que los descansos entre las etapas no necesitan un tiempo específico de sedimentación, es decir, de recuperación energética y de estabilización.
Habitualmente el psicoanálisis de sesiones largas continuo comporta tres períodos de trabajo separados por dos tiempos de reposo, de sedimentación y de toma de contacto de nuevo con la realidad socioafectiva y profesional. En un esquema así, realizable en dos años, la frecuencia de las sesiones puede ser de un mínimo de tres por semana, siempre y cuando el ritmo asociativo no se vea afectado. Este tipo de psicoanálisis de sesiones largas está indicado para las personas que tienen necesidad de un maternazgo o que soportan difícilmente las rupturas, como por ejemplo los casos de síndrome de adicción, maníaco-depresivos, esquizofrenias en fase no delirante, borderlines y depresivos recurrentes.
El psicoanálisis de sesiones largas por tramos
Es el esquema más fisiológico, sobre todo si es posible realizarlo en una duración total de cinco años. Es también el esquema que se adapta mejor a las obligaciones de la vida moderna. Los tramos de ciento veinte a ciento cincuenta horas se calcan naturalmente sobre las grandes etapas y los descansos del desarrollo de un psicoanálisis de sesiones largas. Por ejemplo, ciento cincuenta horas, generalmente bastan para obtener la historia asociativa de la persona y sus grandes líneas repetitivas (primera etapa), para entrar suficientemente en su intimidad psicocorporal para ver cómo se empiezan a dibujar los dos polos edípicos (segunda etapa), hacer un análisis profundo del complejo de Edipo (tercera etapa); sin embargo, el complejo materno (cuarta etapa) y sobre todo la dinámica anal (quinta etapa) necesitan más tiempo y, en condiciones óptimas, pueden analizarse en dos o tres tramos de ciento veinte horas cada uno. Cada tramo está seguido de un tiempo de sedimentación de seis a nueve meses a lo largo del que, si es necesario, el analizado puede efectuar algunas sesiones de mantenimiento para hacer balance, analizar un sueño que le preocupa, una repetición que le causa un problema o cualquier otra cuestión que le parece importante.
El psicoanálisis de sesiones largas, y sus innovaciones prácticas, se inscribe a la vez en la continuidad del trabajo freudiano, centrada sobre el pensamiento asociativo y la disponibilidad del analista, y en la necesidad de las “sesiones largas” que exige el trabajo psíquico en profundidad.
