El significado del sueño

Pierre Codoni

Desde siempre y en toda la tierra, los hombres se han preguntado acerca de sus sueños. Las mitologías, adivinaciones y religiones de todas las civilizaciones se han interesado por el sueño, se refieren a él alegórica o directamente y llegan incluso a utilizarlo con fines concretos. Pero el mérito de haber descubierto y formulado el significado personal de sueño, su origen infantil y sexual, así como su dimensión inconsciente, es de Freud.

Anunciando a Fliess, el 28 de mayo de 1899, su intención de publicar La interpretación de los sueños, Freud le hace esta confidencia: es “el descubrimiento más bonito que he hecho, el único que probablemente me sobrevivirá”1. Este libro, publicado en 1900, marca la ruptura del itinerario neurocientífico de Freud que, comenzado en 1877, había culminado en 1895 en Proyecto de una psicología para neurólogos. Revolucionario por más de un motivo, La interpretación de los sueños lo es sobre todo porque define y modeliza una categoría inédita del pensamiento, lo psíquico, distinto de lo mental de la psicología y de la psiquiatría del siglo XIX, y porque inaugura un método original para investigarlo: las asociaciones libres. También lo es porque, para establecer las bases de lo que llegará a ser la metapsicología, es decir, la sistematización de los fenómenos psíquicos en un modelo teórico, Freud se apoya en una producción fisiológica y común a todos los hombres, el sueño, y no en la psicopatología que constituía el centro de sus investigaciones y de su práctica. De esta manera, Freud rompe la barrera entre lo patológico y lo normal. Esto es lo que prefigura la “cinta psíquica” de la que le gustaba hablar a Fanti y que lo expresaba así: “El hombre oscila naturalmente y permanentemente entre estado normal – neurosis – psicosis”2.

Vale la pena pararse un instante en el desarrollo de los descubrimientos de Freud referentes al sueño entre 1895 y 1900. El itinerario asociativo de su pensamiento, los pasos y el camino que ha seguido son muy reveladores si se quiere tener una comprehensión exacta del nacimiento del psicoanálisis. En efecto, las investigaciones freudianas recorren progresivamente y articulan sinápticamente: neurosis – sexualidad infantil – sueño – psiquismo – inconsciente y método psicoanalítico. Así nos damos cuenta de que tratando de profundizar el misterio de las neurosis y dándose cuenta del papel primordial de la sexualidad infantil en su génesis, es como Freud descubre el sentido oculto del sueño; y es el estudio de los sueños – de los suyos y de los de sus pacientes – el que le permite descubrir la dimensión psíquica, en particular el inconsciente, y le dio la solución psicoanalítica de las neurosis.

Por mi parte, después de las innovaciones técnicas y de las puestas a punto teóricas de Fanti, me ocupo asiduamente del sueño desde hace más de treinta años, dándole un lugar central en mi práctica cotidiana en las sesiones de larga duración así como en mi autoanálisis diario. Poseo varias series oníricas que cuenta cada una con trescientos a más de dos mil sueños que se escalonan en unos treinta años. Y es que, en psicoanálisis en sesiones largas, una vez terminado su análisis, muchas personas continúan su trabajo de conocimiento de sí mismas escribiendo cada día su diario y de vez en cuando sus sueños. Además, todo el mundo tiene la posibilidad de efectuar, en cualquier momento de su vida, “sesiones de recuerdo”3, para rematar, profundizar y ampliar algún aspecto de su análisis, un determinado esquema repetitivo o un determinado suceso sintomático. En este trabajo de recuerdo, el estudio de algunos sueños así como la audición de grabaciones de sesiones anteriores proporcionan referencias determinantes y constituyen un buen medio para la recuperación o el refuerzo de la homeostasis psicobiológicas. Las series oníricas obtenidas de esta forma permiten una investigación fascinante de la evolución de los sueños a lo largo de los años, en el contexto psicosomático de su emergencia, en las modificaciones de su forma, de su expresión y de su contenido, en la repetición de algunos de sus temas y sentimientos, en su ritmo, incluso sus ciclos.

El objetivo que me propongo alcanzar aquí es el de darles una idea a la vez simple y científica del sueño de tal forma que les quede algo de práctico y de provechoso para su vida. También consideraré el significado del sueño en un doble movimiento: primero, partiendo del inconsciente y mostrando que el sueño es su actividad principal, que el trabajo del sueño no sólo se confunde en gran parte con los procesos inconscientes sino que constituye el corazón de la vida psíquica; segundo, partiendo de nuestros sueños entendidos como manifestaciones privilegiadas del inconsciente en el preconsciente-consciente, como puestas en escena deformadas que necesitan una interpretación para ser comprendidas.

Todos ustedes han leído en algún sitio o escuchado decir que, según Freud, el sueño es la vía regia que conduce al inconsciente. Ahora bien, este aserto no es solamente inexacto sino también desafortunado, por no decir peligroso en cuanto a la realidad de las cosas. La cita exacta de Freud es esta: “La interpretación de los sueños es la vía regia que conduce al conocimiento del inconsciente en la vida psíquica”3. En otros términos, la interpretación de los sueños debería de darnos la posibilidad de familiarizarnos con nuestra vida psíquica y, a partir de ahí, permitirnos aprehender el inconsciente.

¿Pero qué es la vida psíquica? Acabo de decirlo: el psiquismo es freudiano, tanto en su descubrimiento como en su sistematización; es el dominio específico del psicoanálisis, su campo de acción y de intervención propias, su objeto de estudio exclusivo basado en el método de las asociaciones libres. El modelo teórico que de ahí se desprende, o metapsicología, permite reconocer, evaluar, catalogar hechos psíquicos y diseñar una nosología original de los trastornos neuróticos y psicóticos. Lo psíquico se distingue de lo mental cuyas funciones cognitivas, intelectuales, imaginativas, mnémicas y afectivas, están directamente ligadas al cerebro y dependen enteramente de él. Por supuesto, eso no quiere decir que lo psíquico no esté en relación con el sistema nervioso central; está en interacción constante con el cuerpo, es decir, con el cerebro, en sus diferentes niveles estructurales: sistémico, orgánico, tisular, celular, molecular, atómico, particular... energético; está informado de todo esto e informa de ello permanentemente. Pero lo mental es el dominio específico de la psicología, de la psiquiatría y de las neurociencias. Es interesante tener señalar que todavía hoy día, así como en la época en que Freud dibujaba su Proyecto, estas disciplinas no tenían modelo teórico sui generis, cuadro epistemológico preciso del funcionamiento mental. Esta laguna está desapareciendo desde hace unos diez años gracias a los trabajos de neurofisiopatología llevados a cabo por varios investigadores, especialmente: Mark Solms5, Joseph LeDoux, Antonio Damasio, Jaak Panksepp, Vilayanur Ramachandran, Eric Kandel. Ahora bien, cosa interesante, estos investigadores llegan a la conclusión de que el modelo metapsicológico de Freud “representa todavía la manera más coherente y la más satisfactoria intelectualmente de concebir el funcionamiento mental”5. Así comienzan a formarse por todas parte grupos interdisciplinarios de neurocientíficos y de psicoanalistas que intentan establecer concordancias entre los procesos inconscientes definidos por Freud y algunos procesos inherentes a las redes complejas que forman las sinapsis neuronales. Ha nacido una nueva ciencia : ¡el neuropsicoanálisis!

Pero volvamos al psiquismo. Distinguimos tres niveles de organización de los hechos psíquicos: el consciente, el preconsciente y el inconsciente.

El consciente se refiere al pensamiento en tanto que objetiva sus propias ideaciones y emociones así como los fenómenos de la realidad exterior. El consciente pertenece más a la investigación psicológica que psicoanalítica, a excepción de las tomas de conciencia que prolongan algunas puestas en conciencia surgidas de la elaboración asociativa y dan fe de la autenticidad de un hecho psíquico no reconocido o no aceptado hasta entonces, olvidado, incluso reprimido.

El preconsciente se refiere a los procesos del pensamiento y de la afectividad que no son conscientes en el presente, y que quizás no lo llegarán a ser nunca, pero que permanecen sin embargo a disposición constante del consciente. Corresponden pues a los hechos psíquicos en todo momento objetivables pero no objetivados actualmente por el pensamiento. Todos lo hemos experimentado en algunas situaciones particulares de olvidos que expresamos por frases que no pueden ser más explícitas tales como: “lo tengo en la punta de la legua”, “en este momento no me viene”, “ya me vendrá”. Situado entre el inconsciente y el consciente, el preconsciente ha sido minimizado durante mucho tiempo, asimilado unas veces al primero, otras veces al segundo. Con las sesiones de larga duración y los recursos técnicos, el preconsciente adquiere su propio estatuto y muestra su posición de encrucijada de informaciones y su función de memoria específica. Se presenta como un cambio de agujas psiconeurobiológico, un lugar sináptico se intercambio, de enlace y de organización de informaciones de todas clases. Estas informaciones, las recibe permanentemente del inconsciente, es decir, de nuestra memoria reprimida de la vida útero-infantil y de la filogénesis, particularmente activa a lo largo del dormir-soñar; pero provienen igualmente del cuerpo entero, tanto de nuestras células como del mundo exterior a partir de los órganos de los sentidos. Todas estas informaciones, las remueve y las une según parecidos, correspondencias y átomos enganchados para formar cadenas significativas de temas que ya llamo “objetos preconscientes” y que se elaboran en esbozos de ideas, de imágenes, de emociones, de palabras, de acciones a disposición del sistema nervioso central. Como se comprende, el preconsciente es el campo privilegiado de las asociaciones libres y el terreno propio de la investigación psicoanalítica y por tanto del estudio del sueño. Es aquí donde se sitúa el trabajo asociativo del analizado: la verbalización de su historia actual y pasada, la trama de su vida que cuenta dejándose llevar, comenzando por lo que sea, por quien sea y hacia donde sea; de donde parten las elaboraciones, abreacciones y puestas en conciencia que constituyen el auténtico trabajo de rememoración que corrige y depura los pseudorrecuerdos de infancia. Es aquí también donde se sitúa el trabajo de escucha neutra del analista: la atención flotante, la localización de puntos de referencia de manera asociativa a lo largo de las líneas de fuerza de la sobredeterminación hacia los determinantes inconscientes (vivencias y deseos útero-infantiles), las puestas en ecuación del material que sirve de base adecuada a las intervenciones sinápticas y a su efecto catalítico.

En lo que se refiere al inconsciente, éste representa el tercer nivel de organización psíquica. Hipótesis de trabajo sabiamente modelizada por Freud, el inconsciente no se deja aprehender fácilmente, sin embardo es tan real como una barra de hierro. Prueba de ello son las repeticiones que impulsan nuestra vida sin darnos cuenta desde nuestra primera infancia. Pero he aquí, que el inconsciente es inconsciente. Lo que quiere decir que el inconsciente pertenece a otro nivel de realidad, a una dimensión que se nos escapa totalmente y obedece a leyes completamente diferentes de las que rigen nuestro mundo psicomaterial. Eso quiere decir también que el inconsciente es inalcanzable, inaprensible y por lo tanto incontrolable, que la representación que podemos hacernos de él y el conocimiento que de él podemos tener son aproximados y no tienen efecto sobre él, aunque éste esté informado de ello.

Aquí me gustaría abrir un paréntesis histórico que nos ayudará, quizás, a hacernos una idea un poco más exacta acerca de la naturaleza del inconsciente. En la época en que Freud hacia sus fabulosos descubrimientos sobre el sueño y el inconsciente, unos físicos (Planck, Bohr, Schrödinger, Heisenberg, Dirac y otros) ponían en evidencia los procesos quánticos y definían matemáticamente los campos subatómicos, sin embargo indetectables, estudiando sus manifestaciones en nuestro nivel de realidad. Correlativamente, las ecuaciones que establecen (basadas, repito, en lo indetectable, en potencialidades energéticas que pertenecen a un mundo no mesurable) posibilitaban descubrimientos y aplicaciones tan fantásticas como la conductibilidad eléctrica, la radioactividad, los transistores, los supraconductores, etc. Dicho de otra forma, al mismo tiempo y sin conocer nada de sus trabajos respectivos, Freud y los físicos quánticos han definido otra dimensión, regida por leyes que no tienen nada que ver con las de nuestro universo pero que han permitido revolucionar la psicología y la tecnología. Y, cosa todavía más extraordinaria, las leyes que Freud ha postulado para especificar el proceso primario que caracteriza el modo de funcionamiento del inconsciente son idénticas a las leyes que los físicos quánticos han calculado matemáticamente para caracterizar los campos subatómicos. Es lo que mi amigo Charles Lasquier ha llamado “la coincidencia histórica”6.

Simplificando y ateniéndome al inconsciente freudiano, estas leyes pueden ser formuladas así a la luz del modelo de la Organización energética del vacío de Fanti:

1) El inconsciente está animado por una energía libre que se desplaza y se condensa con toda autonomía, se despliega o se contrae indiferentemente, distribuye e intercambia sin límite alguno las informaciones que transporta; esto significa que el inconsciente tiende hacia el infinito y que sus potencialidades son infinitas.

2) Desde un determinado umbral de acumulación y de concentración informativa (tensión), esta energía se descarga inmediatamente (principio de placer), actualizando algunas de estas potencialidades informativas en nuestro nivel de realidad psicobiológico que existe gracias a ellas; eso significa que nuestra vida depende enteramente del inconsciente del que no somos más que efímeros después.

3) El inconsciente tiene las siguientes propiedades: la ausencia de tiempo, de espacio, de lógica en todas sus formas y de negación, la coexistencia de los contrarios, de las contradicciones y de los múltiples; eso significa que la cuestión de su comienzo, de su evolución y de su fin no se plantea, no se inscribe en las probabilidades de nuestras leyes universales.

De esta manera de considerar el inconsciente como sistema psíquico, se desprenden tres preguntas que, como veremos, que atañen directamente al sueño: ¿cuál es el contenido del inconsciente? ¿Cómo se puede aprehender el inconsciente? ¿Podemos ejercer alguna influencia sobre el inconsciente?

Comenzaré por responder a la segunda pregunta: ¿cómo podemos hacernos una idea del inconsciente? Pues, como pueden comprender, ya que el inconsciente es inconsciente y se inscribe en un nivel de realidad totalmente extraño a nuestro mundo, no se puede aprehender más que por sus manifestaciones.

El inconsciente alimenta permanentemente nuestra vida psicobiológica: todos nuestros pensamientos, emociones y acciones provienen de él de una u otra manera y conducen de nuevo a él asociativamente; pero existen manifestaciones privilegiadas del inconsciente, actualizaciones en las que se encuentra como si estuviese atrapado y en las que deja entrever la sombra de su contenido. En primer lugar es el sueño el que aprovecha el dormir para repetir la historia secreta de nuestros orígenes, la intimidad reprimida de nuestra vida uterina y de nuestra primera infancia. Después son las repeticiones afortunadas y desafortunadas las que puntúan o traman nuestra vida y que nosotros fabricamos sin darnos cuenta para descargar, cuando esto sucede y de acuerdo con su esquema original, nuestras gratificaciones y frustraciones infantiles. Por supuesto, son los síntomas neuróticos con sus angustias más o menos obsesivas, sus miedos a menudo fóbicos y sus somatizaciones fluctuantes y, por último, los actos fallidos y otros lapsus, los olvidos y errores de todo tipo, los chistes... todas estas curiosas mentiras de la vida cotidiana que se esfuerzan tanto en esconder una verdad que revelan en cantidad.

Pero, incluso en sus manifestaciones privilegiadas, el inconsciente no se manifiesta tal cual. Su contenido debe de experimentar un trabajo de deformación para pasar a nuestra dimensión y debe de ser objeto de una elaboración secundaria para conformarse a las exigencias de la realidad psicomaterial. Por ejemplo, el delirio y las alucinaciones de la psicosis, que representan irrupciones más o menos directas del inconsciente en el preconsciente-consciente, no son viables ni psíquica ni sociopsicobiológicamente. Cuando se habla del trabajo de deformación, se insiste habitualmente rn su aspecto de camuflaje o de disfraz. En realidad, se trata más bien de un trabajo de trasposición o, más bien, de transmutación ya que hay transformación de una realidad en otra, de naturaleza totalmente diferente, paso irreversible de un estado en el que la energía posee una libertad absoluta de movimiento y de potencialidades infinitas a otro estado en el que ésta se encuentra ligada, en actualizaciones psicobiológicas, a las probabilidades determinadas y relativas.

El trabajo de deformación utiliza cuatro procedimientos para permitir que algunas potencialidades o informaciones inconscientes se actualicen, es decir, que efectúen el salto transmutacional y pasen lo más desapercibidamente posible las censuras entre el inconsciente y el preconsciente-consciente:
1) la simbolización que consiste en una transposición analógica, a menudo convencional, que recurre a la estilización;
2) la dramatización que regula una transposición por medio de una puesta en escena;
3) la toma en consideración de la figurabilidad que asegura una transposición en imágenes sobre todo visuales (pero también auditivas, olfativas, táctiles o gustativas);
4) la toma en consideración de la inteligibilidad que garantiza una transposición en un conjunto que pretende ser coherente y dotado de sentido.

El trabajo de deformación se continúa en el nivel del preconsciente, que debe asegurar la adaptación de las ramificaciones del inconsciente a nuestro nivel de realidad, en particular al espacio, al tiempo, a la lógica matemática y sintáctica, al principio de no contradicción, a la moral. Es la elaboración secundaria la que establece “canales de unión” (Freud), sinapsis, conexiones y encadenamientos entre estos mensajes surgidos del inconsciente y las informaciones que el preconsciente ha memorizado de algunas experiencias de la vida. Así se crean cadenas asociativas que forman conjuntos cada vez más estables que, tratados en el nivel mental, darán nacimiento a los procesos del pensamiento, de la ideación, de la espiritualidad, de la imaginación, de la creación artística, de la afectividad, del lenguaje y de la motricidad.

Ahora comprendemos un poco mejor la naturaleza asociativa del preconsciente: su papel esencial de conectador entre las informaciones en virtud de correspondencias recíprocas, así como su función determinante en la transcodificación de las informaciones que provienen del inconsciente y su articulación a las que provienen de la realidad psicocorporal y de la realidad externa; por último, podemos entrever su utilidad técnica como tabla para localizar y descifrar secuencias asociativas significantes. La interpretación del inconsciente en el nivel del preconsciente ya no depende más que de la modelización metapsicológica y de la experiencia clínica que vienen a confirmar o a infirmar el valor de los referentes psíquicos catalogados en el material del analizado. Estos referentes psíquicos a los que he llamado “objetos preconscientes” están constituidos por temas o asuntos privilegiados, es decir, que tienden a repetirse en un mismo contexto asociativo a lo largo de las sesiones; algunos de estos temas o asuntos presentan entre ellos relaciones constantes de equivalencia y forman así auténticas ecuaciones; la elaboración asociativa de estos temas o equivalentes ecuacionales conduce a la puesta en evidencia de “objetos inconscientes” que corresponden a vivencias interiorizadas (memorizadas en el inconsciente) a lo largo de la vida útero-infantil y a los deseos sexuales y agresivos que de ahí se derivan.

Comenzamos a comprender el doble movimiento según el cual considero el significado del sueño: en primer lugar en el trabajo del sueño propiamente dicho, como activador de objetos inconscientes que ponen en circulación algunas de sus informaciones útero-infantiles que alimentan los objetos preconscientes y, por medio de ellos, nuestra vida psico-neurobiológica; y después, en el trabajo de análisis, como estimulador de la elaboración asociativa y activador de objetos preconscientes que, facilitando el retorno de lo reprimido a partir de los objetos preconscientes correspondientes, favorecen puestas en conciencia específicas del inconsciente.

He aquí, por ejemplo, un sueño de una mujer de cincuenta años.

"Estoy viendo una obra de teatro en un prado rodeado de árboles verdes. Estoy desnuda, sentada en el borde reforzado de un puf de color crema. Estoy muy derecha pues mis nalgas tienden a deslizarse para atrás, yéndose hacia la parte blanda del puf. Mantener esta posición es a la vez excitante y molesto. Tengo puestas unas gafas de sol grandes, un modelo de los años cincuenta. La actriz principal me mira con malicia, como si quisiera comunicarme algo. De repente, me saca la lengua. Pienso que la representación está acabando y voy a tener que llamar un taxi.".

La elaboración asociativa de este sueño que la analizada ha retomado espontáneamente a lo largo de algunas sesiones, le ha hecho revivir toda una serie de sucesos que marcan su vida hasta escenas de su primera infancia y le ha traído a la memoria fantasmas, algunas fotografías estudiadas y secuencias de otros sueños que están esencialmente centrados en temas que se refieren a la sexualidad y a la feminidad; los personajes mencionados, hombres o mujeres, conducen invariablemente a la madre; la acción común en las diferentes situaciones evocadas tienen que ver con el placer de tocar, de chupar y con la masturbación; las partes corporales implicadas más a menudo son la boca, los pechos y las nalgas; la geografía descrita pone siempre en evidencia un elemento natural (hierba, tierra, agua) al que va asociado inmediatamente un elemento del cuerpo materno (piel, vientre, ojos); la tonalidad afectiva de las descripciones se caracteriza por una mezcla de excitación lúdica, de dulzura y de nostalgia. Es importante subrayar que la mayoría de estas particularidades asociativas están corroboradas por el estudio de las fotografías, en particular por una decena de ellas que representan a la analizada de bebé en los brazos de su madre mamando debajo un cenador.

A propósito de esta elaboración onírica, me gustaría decir algunas palabras acerca de la incidencia de la actualidad, en particular del trabajo analítico, sobre el sueño. Por supuesto, los sucesos actuales no influencian en absoluto el contenido latente o inconsciente del sueño. No intervienen más que en el nivel preconsciente, en el trabajo de deformación que corresponde a la elaboración secundaria, y participan en la formación del contenido manifiesto del sueño, es decir, en la fabricación de la trama onírica tal como se presenta al despertar o tal como es contado en sesión. Pero volvamos al ejemplo que he mencionado: el día precedente al sueño, esta analizada había recibido una llamada telefónica de su madre que, bromeando, había comentado así una película cómica que había visto: "Te habría gustado mucho, sobre todo una escena pícara que tenía lugar en el campo y en el que un pretendiente rechazado echaba pestes a pleno sol a causa de un taxi que no llegaba".

Observamos inmediatamente que la atmósfera general así como los detalles de la llamada de teléfono de la madre se encuentran prácticamente idénticos en el contenido manifiesto del sueño. Aquí, tenemos incluso la impresión de que esta comunicación telefónica ha servido para estimular un ambiente sexual infantil antes de participar en su reorganización preconsciente. En realidad, la elaboración conjunta del sueño y del contenido telefónico, confirma que las dos situaciones han implicado y motivado objetos preconscientes en resonancia fáctica y afectiva con los mismos objetos inconscientes, es decir, con vivencias y deseos útero-infantiles idénticos.

Así, en virtud de concordancias inconscientes puestas en evidencia posteriormente por la elaboración asociativa, una escena o un detalle de la víspera es utilizada por el trabajo del sueño para facilitar la puesta en conciencia de la trama latente del sueño disfrazándola y haciéndola lo más anodina posible. Ocurre lo mismo con algunas secuencias o temas del material del analizado así como con algunos puntos de las intervenciones del analista que reaparecen en el sueño verbalizado al día siguiente, y que constituyen la prueba de su adecuación a objetos inconscientes en vías de liberación. Estos elementos de las veinticuatro a cuarenta y ocho horas que preceden a la noche del sueño, y que encontramos en el contenido manifiesto del sueño, se denominan “restos diurnos”. Proporcionan un indicio importante de las vivencias útero-infantiles que se han reactivado a lo largo del sueño y de los deseos sexuales y agresivos realizados en él. En lo que se refiere a los restos diurnos en relación con la situación analítica y, en particular, a aquellos que recogen algunos detalles de las intervenciones, dan al analista importantes puntos de referencia acerca de la calidad asociativa, del avance del trabajo y del impacto transferencial en el análisis de las repeticiones vitales.

En resumen: con esta elaboración asociativa, considerada en el conjunto de la historia de la analizada así como en las circunstancias actuales, el analista sabe que este sueño expresa en particular vivencias y deseos inconscientes de la fase oral (que abarca los quince primeros meses de la vida); incluso puede precisar que se trata del período fusional (es decir, de los seis primeros meses) a lo largo del cual el bebé y su madre forman un todo psicobiológico en el que el padre no entra; también sabe que el inconsciente ha memorizado la buena madre: una madre presente, atenta a las necesidades y a los ritmos del niño, con el que comparte amorosamente ternura y placer; por último visualiza más claramente la complacencia somática origen de algunos síntomas histéricos, en particular cutáneos, y consigue al mismo tiempo situar el componente abandónico de esta mujer.

Ahora puedo responder a la primera pregunta que he formulado anteriormente: ¿cuál es el contenido del inconsciente? El mérito es de Fanti por haber definido las entidades estructurales, a las que he denominado “objetos inconscientes”, para explicar la economía de los procesos de carga (desplazamientos-condensaciones) que se producen en el seno de la energía elemental del inconsciente. En efecto, las representaciones y los afectos postulados por Freud son unidades funcionales demasiado elementales: no tienen bastante complejidad informativa mnémica ni compacidad operacional para explicar los proyectos pulsionales como aquellos que terminan en los deseos, en los mecanismos de defensa y en los fantasmas; ahora bien, son estos esquemas pulsionales los que rigen el funcionamiento del inconsciente y de lo psicobiológico, la génesis del sueño, de la agresividad y de la sexualidad, así como de la neurosis en general. Es como si nos quedásemos en las partículas y en los átomos, escotomizando las moléculas, para comprender y explicar la complejidad al mismo tiempo que la coherencia de los procesos fisicoquímicos que posibilitan la vida biológica.

Los objetos inconscientes constituyen las entidades estructurales auténticamente funcionales y operantes en el psiquismo y en lo psicobiológico. Transportan experiencias pulsionales memorizadas a lo largo de la vida parental y ancestral (núcleos filogenéticos), a lo largo de la vida uterina y de los primeros meses (huellas mnémicas), durante la ontogénesis (vivencias interiorizadas propiamente dichas). Así, los objetos inconscientes contienen la memoria filo-ontogenética, es decir, las informaciones que provienen de nuestra herencia psíquica y las surgidas de algunas experiencias, de algunas vivencias dichosas o desgraciadas de nuestra vida útero-infantil. Para el feto y el niño pequeño, la dicha y la desgracia corresponden a las satisfacciones y a las frustraciones, a las excitaciones y a su apaciguamiento, a fin de cuentas a los placeres y a los displaceres que se derivan de dos actividades fundamentales: la agresividad y la sexualidad. Los objetos inconscientes están en interacción energética constante con lo somático y, desde el punto de vista psíquico, alimentan permanentemente al preconsciente. Esta información continua, que procede del inconsciente está considerablemente reforzada durante el dormir a lo largo del sueño. Es lo que vamos a ver abordando el contenido dinámico del inconsciente.

El contenido dinámico del inconsciente atañe a los deseos, las defensas y los fantasmas. La noción de deseo es una de las más difíciles de definir en psicoanálisis, a no ser que se haga de manera poética. Con el modelo energético y estructural de Fanti, completado por la noción de objetos inconscientes, esto resulta más fácil. Las fuerzas en juego entre los objetos inconscientes así como entre éstos y el resto del psiquismo, el cuerpo o el mundo exterior son las pulsiones que, repito, son esencialmente agresivas y sexuales y tienen el placer como único y sólo fin. Un objeto activado, es decir, cargado energéticamente o en tensión, se desactiva generando pulsiones que aseguran su descarga, sinónimo de placer. El conjunto particular de las pulsiones agresivas o sexuales movilizadas por un objeto inconsciente activado para desactivarse, constituye precisamente el deseo, su eclosión y su realización. Al igual que las pulsiones de las que son la expresión, los deseos son agresivos o sexuales. La activación-desactivación de los objetos inconscientes, es decir, la eclosión-realización de los deseos, ocurre permanentemente pero se encuentra potenciada durante el dormir. Ahora bien, esta reavivación nocturna de los deseos inconscientes y su realización, constituyen la esencia misma del sueño, su naturaleza íntima y su función vital.

En lo que se refiere a las defensas, diré simplemente que provienen, fisiológicamente o no, del turnover de los deseos: corresponden a los conjuntos pulsionales movilizados para controlar específicamente el nacimiento de los deseos inconscientes, su intensidad y la calidad de su realización. Al igual que los deseos, las defensas son inconscientes, de naturaleza agresiva y sexual, y específicas de una u otra fase del desarrollo útero-infantil.

En cuanto a los fantasmas, se tiene la costumbre de decir que representan compromisos entre los deseos y las defensas. Por mi parte, en una fórmula un poco lapidaria, subrayaría que el deseo, esencialmente pulsional en su empuje y en su fin, es una cuestión de placer mientras que el fantasma, en su unión remanente al contenido de los objetos inconscientes, expresa el deseo, es decir, que transporta briznas de vivencias útero-infantiles de las que proviene. Al igual que el sueño, pero de manera menos deformada que él, el fantasma mantiene vivas algunas experiencias agresivas y sexuales onto-filogenéticas haciendo que los deseos que conllevan estén en alerta.

Me queda responder a la tercera pregunta que se refiere al inconsciente: ¿podemos ejercer alguna influencia sobre él? Como he dicho anteriormente, siendo inconsciente el inconsciente, y siendo incumbencia de una dimensión con respecto a la cual no podemos hacer más que hipótesis, no tenemos poder sobre él, aunque estas hipótesis se verifiquen en la práctica y aunque tengan una coherencia científica. También he intentado mostrar que el trabajo analítico es asociativo y se desarrolla en el nivel del preconsciente tanto para el analizado como para el analista. Poco a poco, este trabajo asociativo induce una permeabilización del preconsciente, abre vías de desahogo que van a la par con una facilitación del paso de las informaciones inconscientes a través de las censuras. La distensión y el equilibrado del preconsciente repercuten indirectamente en el nivel del inconsciente. En realidad, todo es una cuestión de tensión energética entre estos dos sistemas de memoria: todo ocurre como si la disminución de tensión del preconsciente crease un requerimiento de energía o de informaciones inconscientes para mantener la homeostasis psíquica. Ahora bien, el sueño juega a dos bandas: por una parte, la elaboración asociativa del sueño favorece la distensión del preconsciente, sobre todo en sesiones de larga duración donde el sueño tiene tiempo para poder soñar despierto; por otra parte, como acabamos de ver a propósito de los objetos inconscientes, el sueño es una auténtica máquina de bombear deseos que liberan la agresividad y la sexualidad útero-infantiles y ponen sus informaciones vitales a disposición del preconsciente.

Llegados a este punto, se impone una definición del sueño. Podría haber comenzado por ahí. Pero he querido hacer esta incursión metapsicológica para que se den cuenta de que el paisaje del sueño se confunde con el psicoanálisis mismo, con las asociaciones libres, el psiquismo, el preconsciente y el inconsciente, el deseo, la agresividad y la sexualidad, la vida uterina e infantil.

El sueño se define así:

El sueño es la repetición inconsciente de vivencias interiorizadas desde la fecundación hasta los cinco años y la realización inconsciente de deseos agresivos y sexuales de origen útero-infantil, incluso filogenético.

Como pueden constatar, esta definición conlleva dos mociones: la repetición de las vivencias y la realización de los deseos. La distinción de estas dos mociones es muy importante y se verifica a lo largo de las sesiones de larga duración en donde el sueño tiene el tiempo y dispone del tiempo para contarse en detalle, para extenderse y distenderse, y después para retomarse incansablemente. Ir directamente a la caza de los deseos es atropellar el sueño, violarlo, caer en la interpretación simbólica que no tiene nada que envidiar a las claves de sueños más sofisticadas. La interpretación del sueño debe de ser asociativa, lenta y paciente, debe de articular los detalles del contenido manifiesto a detalles de la vida actual y pasada, a detalles del árbol genealógico, fotografías y dibujos y lugares en los que se ha vivido. Entonces, algunas asociaciones de detalles comienzan a titilar en el preconsciente, lanzan señales de reconocimiento o de pertenencia, y establecen sinapsis a menudo insospechadas con mensajes surgidos de las mil facetas en las que las vivencias útero-infantiles han sido interiorizadas en el inconsciente. Y la memoria se hace, los auténticos recuerdos se crean, completamente, y se animan, aquí y ahora recuperando el afecto, a veces sublime, a veces cruel. Entonces, de esta elaboración asociativa que surca toda la vida hasta la concepción e incluso hasta las intenciones que la han suscitado, emergen naturalmente los deseos agresivos y sexuales, pese a ellos. Así, la interpretación del sueño no tiene nada de forzado ni de artificial y no se limita a una localización obligada de los deseos inconscientes y a un etiquetaje simbólico con el que nada tiene que ver, con el que no tiene relación; es fisiológica, personal y personalizada, catártica en su hacer emerger recomponiendo la intimidad útero-infantil con las raíces ancestrales.

Desde el punto de vista teórico, el modelo de la organización energética del inconsciente da una coherencia explicativa a estas observaciones prácticas. La fisiología de los objetos inconscientes que les he descrito explica las dos mociones que caracterizan el sueño: la activación-desactivación de los objetos inconscientes durante el dormir corresponde a la tensión y después a la distensión de vivencias útero-infantiles y filogenéticas memorizadas, es decir, a su repetición inconsciente; lo que conlleva una movilización pulsional que conduce a la eclosión y a la ocasional realización inconsciente de los deseos agresivos y sexuales ligados a estas vivencias. Toda esta masa de informaciones puesta en movimiento, en interacción y en relación compleja ejerce presiones sobre la censura entre el inconsciente y el preconsciente. El paso a través de esta censura equivale a un cambio total de nivel de realidad y por lo tanto necesita un trabajo de deformación para asegurar la transposición adecuada de los mensajes inconsciente al preconsciente. Así, nutriéndose cada noche de la memoria ontogenética y ancestral de nuestros objetos inconscientes, el sueño alimenta y programa la memoria de nuestros objetos preconscientes y, por medio de ella, anima día tras día nuestra vida psico-neurobiológica.

Pero entonces, después de todo, ¿qué quiere decir interpretar un sueño? Interpretar un sueño consiste en dar un sentido, un significado al contenido manifiesto del sueño, es decir, al sueño tal como se presenta al despertar, tal como viene a la memoria durante el día o tal como se cuenta en sesión. Por lo tanto es recorrer el camino inverso al efectuado fisiológicamente por el sueño a lo largo de la noche: remontar el trabajo de deformación, ir desde la toma de conciencia del guión, desde su puesta en escena, desde su acción, desde sus personajes, lugares, temas y sentimientos hasta la comprensión del contenido latente del sueño. Se trata de una operación difícil, que no tiene nada que ver descifrar un jeroglífico o un enigma y todavía menos con la resolución de un problema de matemáticas. La dificultad de la tarea es más bien la que se encontraría si se quisiese recorrer de nuevo el curso natural de un fenómeno hasta su origen; por ejemplo, remontar un río, desde desembocadura y desde sus aluviones limosos hasta las riveras y los lagos, después hasta los torrentes y los glaciares, después hasta las nubes y hasta sus pequeñas gotas de vapor de agua que se desplazan y se condensan a merced de las corrientes ascendentes de la atmósfera disipándose energéticamente hasta el infinito cósmico.

El contenido manifiesto de un sueño es por lo tanto la culminación de una larga historia, de una puesta en palabras y en escena compleja en donde la trama original ha sufrido múltiples disfraces, metamorfosis, transformaciones, añadidos, sustracciones, abstracciones, combinaciones de todo tipo. En realidad, un contenido manifiesto de sueño, en tres o en tres mil palabras, no significa gran cosa. Contrariamente a lo que se podría pensar, el contenido manifiesto de un sueño no es en sí mismo revelador de nuestra identidad como lo son las huellas digitales o el ADN. Desafío al analista más experimentado a que sea capaz de certificar, por ejemplo, la edad, el sexo, el estado de salud psíquica o somática de una persona a partir del contenido manifiesto de un sueño.

Interpretar un sueño, es en primer lugar contarlo varias veces lentamente, muy lentamente, primero sin comentarios y sin preocuparse de sus incoherencias ni de sus puntos oscuros. Se le deja empapar en el flujo y en el reflujo asociativo del material actual y vital que da cuerpo a los vacíos, los intersticios, viste las rupturas entre una parte, una escena o una y otra secuencia. En esta elaboración asociativa en el nivel del preconsciente, el sueño adquiere poco a poco la consistencia, la coherencia y la tonalidad afectiva de una historia verdadera o más bien la autenticidad de un episodio que se inscribe en la continuidad y la repetitividad de una larga historia que es la de nuestra vida y donde se mezclan, vivencias, deseos, emociones, recuerdos, reminiscencias, impresiones, fantasías y otros sueños.7

Así, la interpretación asociativa de un sueño se confunde con el propio trabajo analítico y lo estimula. Las asociaciones libres hacen emerger el contenido manifiesto del sueño. Y la pasta onírica obtenida de esta forma acaba por integrar asociativamente el conjunto de la vida y por expresar, siempre asociativamente, nuestras vivencias interiorizadas, nuestros deseos y nuestros afectos útero-infantiles así como nuestras huellas filogenéticas.

En conclusión, me gustaría decir que se puede obtener un gran provecho del sueño sin haber hecho un psicoanálisis. Por bonito u horrible, claro o abracadabrante que sea, hay que tomar el sueño por lo que es: una historia que viene de nuestra primera infancia y de antes, un cómic, un cuento con sus princesas durmientes del bosque y sus ogros malos, una epopeya lagunar, un relato íntimo e intimista, una historia de mamá-papá-pipí-caca, de biberones y de camas, una historia de amor apasionado o platónico con sus placeres inauditos y sus frustraciones trágicas, sus exaltaciones sublimes y sus miedos abismales, también una historia de celos y de odio, ya que una decepción amorosa se transforma siempre en odio, una historia de injusticia, comenzando por la de esta vida que no se ha pedido, una historia de castigo y de venganza, una historia de dependencia asfixiante o de abandono desesperado, de luchas para sobrevivir en seguridad, para ser reconocido como el más guapo y el más fuerte, para tener el control de la situación o simplemente el poder... en resumen, una historia secreta en la que las formas y el lenguaje son de la primera infancia y del mundo de la noche, de la noche que se remonta a la noche de los tiempos, es decir, una historia fabricada para ser olvidada o, en todo caso, para ser deformada y disfrazada, parecer insignificante o extravagante, ordinaria o grotesca si quiere tener posibilidad de colarse a través del dormir... una historia, en suma, a la que hay que considerar con mucho respeto y humildad, tomarla como viene, con simplicidad y cierta sonrisa, sin querer interpretarla al pie de la letra, sin forzarla y, sobre todo, sin tener miedo de ella, pues por horrible y tremenda que sea, forma parte de nosotros, es nuestra historia, de la que no somos responsable y de la que no podemos cambiar nada, solamente escucharla, en silencio, dejar flotar las imágenes para dar darle el tiempo de recomponer el puzzle o bien contársela a uno mismo en voz baja, lentamente, intentando visualizarla como una película al ralentí y parando las imágenes de vez en cuando, y después, si acaso, escribirla o dibujarla, esbozarla pensando en algunos episodios de su existencia, en algunos lugares, algunas personas, algunas emociones, algunas fotos, algunas cartas... en otros sueños.

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De manera más didáctica, expondré tres esquemas de interpretación del sueño que he puesto a punto y cuya eficacia ha podido ser verificada por varios psicoanalistas en sesiones largas. Se trata de:

  1. la elaboración simple del sueño
  2. el estudio sistematizado del sueño
  3. el estudio comparado del sueño

Estos tres esquemas sólo pueden aplicarse en las sesiones de larga duración ya que reposan sobre la continuidad asociativa y las etapas nucleares que recorre fisiológicamente un psicoanálisis en sesiones largas. Son progresivos, sirviendo el primer esquema de trampolín para el siguiente. Pero es evidente que a lo largo de un psicoanálisis en sesiones largas no siempre se puede hacer todo y el desarrollo del trabajo proviene a veces de los datos con los que se cuenta. Así pues el analista escogerá el o los esquemas apropiados en función de la personalidad del analizado, de su capacidad asociativa (insight), de su tipo de neurosis y del avance del trabajo. Si lo cree oportuno, el analista podrá incluso combinar estos esquemas entre ellos.

1. Elaboración simple

Consiste en una primera aproximación asociativa del sueño; es el sueño tomando en primer grado de su contenido manifiesto en el que algunos elementos se inscriben directamente en el material del analizado. La elaboración simple no tiene la pretensión de sacar a la luz parte o la totalidad del contenido latente, sino simplemente de poner en relación, de articular asociativamente algún aspecto del contenido manifiesto con el material vital y ocasionalmente actual. Permite integrar la historia del sueño en la historia de la vida del analizado mientras que, como veremos, un estudio más profundo del sueño permite integrar la vida entera en un solo sueño.

Las intervenciones que se refieren a la elaboración simple se calcan sobre la técnica explicativa de la técnica fundamental. Se procede por niveles: en primer lugar el sueño contado lentamente, muy lentamente, sin preocuparse de su inteligibilidad, de su verosimilitudes o de sus inverosimilitudes; es el sueño contado como una historia, una historia de niños, un dibujo de niños; poco a poco esta historia se describe con el máximo de detalles posible; el analizado intenta visualizarla y vivirla emocionalmente como una película en la que él es a la vez el guión, los actores el realizador y el espectador. Cuando el analizado se encuentra realmente en la intimidad de su historia onírica, no sólo se dibujan imágenes visuales, sino que aparecen olores, sonidos, sabores, percepciones táctiles, impresiones afectivo-sensoriales difíciles de describir y que se remontan probablemente a la vida fusional (incluso uterina). Por eso es por lo que la toma en consideración de la figurabilidad del trabajo de deformación del sueño debería ser considerada más ampliamente como toma en consideración de la sensorialidad.

La elaboración simple pone en conexión asociativa el contenido manifiesto del sueño, su elaboración, el material vital y actual del analizado. Así favorece el trabajo de elaboración en su totalidad y estimula la rememoración: algunas puestas en conciencia que desembocan en auténticas puestas de conciencia. Poco a poco, hace que se expresen las repeticiones vitales hasta en su dimensión actual, incluso en el contenido manifiesto del sueño propiamente dicho. Su función específica varia según el momento del análisis en el que se lleva a cabo.

La elaboración simple del sueño puede hacerse en cualquier fase del trabajo pero sobre todo a partir del comienzo de Edipo pues, en este momento, el analista dispone del conjunto del material vital para hacer un auténtico trabajo ecuacional; en algunos casos, puede comenzarse antes e incluso servir ésta para desbloquear un comienzo de análisis especialmente resistente

Tomemos dos ejemplos:

a) Nos encontramos en el “comienzo de Edipo”, es decir, entre ciento ochenta y doscientas cincuenta horas. El analizado ha mencionado ya, sin detenerse en ellos algunos sueños, o fragmentos de sueños en la primera parte de su trabajo. Desde hace algunos días, el sueño se hace más manifiesto; no sólo el analizado lo menciona sino que, de vez en cuando, describe un trozo de alguno en relación directa con algún elemento del material vital o actual. La dinámica de las sesiones es globalmente asociativa y las resistencias están poco activas. En estas circunstancias, el analista puede intervenir después del relato de un sueño para explicar la técnica de la elaboración simple; es una intervención que parte de material propiamente dicho, directamente del sueño o de las primeras asociaciones que suscita. Si, al día siguiente, el analizado no sigue con su elaboración onírica, es preferible no intervenir sino esperar dos o tres días para ver si vuelve espontáneamente sobre ello y en qué contexto. El recurso a la elaboración simple del sueño durante el comienzo de Edipo tiene por funciones específicas estimular la verbalización de la intimidad corporal, sexual, parental, familiar y acercarse lo más posible a la noción de deseo.

b) No encontramos en la “profundización de Edipo”, es decir, generalmente entre trescientas y cuatrocientas horas. Se trata de introducir la técnica de la elaboración simple o de retomarla si ya ha sido utilizada en el comienzo de Edipo. Desde hace algunas sesiones, el analizado cuenta cada día su sueño de la noche, al principio de la sesión, o bien a lo largo del material. Aquí también, la verbalización debe de ser globalmente asociativa y las resistencias poco activas. Técnicamente la intervención se hace como en el primer caso, pero teniendo en cuenta los equivalentes ecuacionales que se perfilan. En la profundización de Edipo, la elaboración de Edipo tiene por función específica profundizar asociativamente el polo incestuoso y el polo homicida de Edipo hasta en sus repeticiones sustitutivas, evaluar su simetría o su asimetría teniendo en cuenta la decepción amorosa que hace que el amor se convierta en odio, poner en evidencia el porcentaje de Edipo positivo y negativo, poner de manifiesto la fidelidad incestuosa así como la infidelidad culpable, la posesividad-celos, la rivalidad orgullosa y homicida, los elementos de castración, la novela familiar y la escena primitiva.

2. Estudio sistematizado

Consiste en describir asociativamente el sueño de acuerdo con los cinco puntos de vista siguientes: la geografía, los personajes, los temas, la acción y las emociones. Se da por hecho que el analizado esté familiarizado con el sueño, que ya haya efectuado alguna elaboración simple. La condición indispensable para comenzar un estudio sistematizado del sueño es la claridad de los objetos preconscientes y que el esbozo de su estatuto de equivalentes ecuacionales se perfile en el material del analizado; el trabajo asociativo se desarrolla sin resistencias importantes y la fluidez ecuacional naciente hace que despunten los objetos inconscientes. En términos cronológicos, el estudio sistematizado del sueño puede comenzar a partir del último tercio de la profundización de Edipo o mejor todavía, cuando se aborde lo que yo llamo el “complejo de la madre primaria” centrado en el niño-pene de la madre y la vivencia precoz de la ausencia de pene en la madre8 (sobre las quinientas horas).

a) Punto de vista geográfico

La elaboración detallada de la geografía de un sueño lleva al analizado a recorrer de nuevo asociativamente algunos lugares en los que ha vivido y que ha dibujado a lo largo de su trabajo. Llega bastante rápido a una geografía psicobiológica: la geografía sexual y agresiva de su propio cuerpo, y también de su psiquismo, la geografía familiar y parental (escena primitiva), la geografía materna, la geografía útero-fetal... y ocasionalmente llega a una percepción de una geografía energética del vacío. El punto de vista geográfico tiene una gran importancia para la resolución de algunas angustias-miedos, en particular las de naturaleza fóbica, así como para la desactivación de la ecuación angustia-miedo de castración = angustia-miedo de la muerte = angustia-miedo del vacío.

b) Punto de vista de los personajes

Es evidente que el solo y único personaje en juego en el contenido latente del sueño es la propia persona. Los personajes utilizados para el trabajo de deformación son sustitutos que se inscriben a menudo en una cadena asociativa (asociación) que lleva a los sustitutos privilegiados parentales y ancestrales. Así el analizado pasa más fácilmente de la madre edípica a la madre fusiona, del padre edípico al padre totémico, de la castración fálica a la castración primaria, de la función esfintérica a la función sináptica. Volviendo a encontrar sus huellas onto y filogenéticas, el analizado logra situarse en las líneas materna y paterna, lo que conlleva una relativización de las personas implicadas en la formación sustitutiva y, por consiguiente, del amor y del odio. El punto de vista de los personajes juega además un papel-clave en el análisis progresivo de las diferentes facetas de la transferencia.

c) Punto de vista de los temas

Como he dicho anteriormente, los temas (incluidos los conceptuales y simbólicos) son asuntos privilegiados, es decir, que tienden a repetirse en un mismo contexto asociativo a lo largo del material del analizado. Para el analista, los temas constituyen referentes psíquicos cuya localización es particularmente importante puesto que son sinónimos de objetos preconscientes que están en resonancia ecuacional con objetos preconscientes. El estudio sistematizado del sueño permiten que salgan a la luz de manera, diría, macroscópica los objetos preconscientes, su estatuto de equivalentes ecuacionales, así como las ecuaciones propiamente dichas de donde emergen los objetos inconscientes con sus lotes de vivencias útero-infantiles y de deseos agresivos-sexuales.

En todo análisis, merecen una atención particular por parte del analista dos temas generales: el dinero y la religión (y éste último, aunque el analizado sea o se diga ateo). El dinero y la religión, que no existen en el inconsciente según Freud, juegan sin embargo un papel muy importante en la vida y dirigen el mundo a su manera ¿Pero cómo algo que no existe en el inconsciente puede ser tan determinante en la política, la sociología..., el carácter y la neurosis? Las sesiones de larga duración, en especial a lo largo del estudio sistematizado del sueño, ponen de manifiesto que el dinero y la religión son objetos preconscientes y equivalentes ecuacionales nucleares en el sentido en que cristalizan en ellos mismos la agresividad-sexualidad de todas las fases, momentos y períodos de la ontogénesis así como de algunos sucesos de la filogénesis. La injusticia originaria y existencial, la ominipotencia fusional, así como la anihilación que de ahí se desprende, la omnipotencia narcisista y su egotismo, el poder de dominio y de control esfintérico, el poder fálico, el poder edípico con sus corolarios de derecho de incesto y de derecho de homicidio. Así se comprende que el dinero y la religión sea los refugios naturales de las resistencias, ya se trate de las resistencias debidas al retorno de lo reprimido durante el trabajo analítico o, de forma más general, de las resistencias al psicoanálisis en sí mismo. La elaboración espontánea y progresiva de estos dos temas constituye para el analista un excelente criterio de superación de las resistencias y de avance del trabajo. Pero, de todas formas, el dinero y la religión deben de ser objeto de una intervención ecuacional amplia a lo largo de todo análisis a partir de la profundización de Edipo.

d) Punto de vista de la acción

En el contenido manifiesto la dinámica se expresa ya sea directamente por medio de las acciones que se desarrollan o son bloqueadas, o indirectamente por medio del movimiento pulsional que implican la mayoría de los verbos. La elaboración de la dinámica permite sumergirse en el corazón del conflicto psíquico y hace que se puedan catalogar ontogenéticamente copulsiones elementales muy definidas, deseos inconscientes específicos y los mecanismos de defensa correspondientes. Favorece que se tengan en cuenta los tres pares antitéticos que, sobre la base de amor/odio dirigen el desarrollo de la identidad; se trata de: dependencia/falta, control/pérdida de control, pene/ausencia de pene. Si se asigna a la función esfintérica su sentido psicobiológico de réplica macroscópica de la función sináptica, se comprende el papel determinante de la mecánica anal, su influencia retroactiva en la fase iniciática-oral y sus repercusiones anteroactivas en la fase fálica. Por último a menudo se pueden visualiza algunos elementos de los mecanismos propios del inconscientes: el desplazamiento, la condensación, la represión, la proyección y la identificación.

e) Punto de vista de las emociones

Se refiere a las sensaciones, las manifestaciones afectivas, los sentimientos, la angustia, los miedos y la culpabilidad que aparecen en el contenido manifiesto o a lo largo de su elaboración. Todas estas emociones son la expresión del afecto inconsciente que está más ligado a la cantidad (intensidad, amplitud y frecuencia) que a la calidad (manera, modo, circunstancias y condiciones) de las vivencias interiorizadas. Dicho de otra manera, el punto de vista de las emociones es un excelente revelador de lo reprimido, es decir, de las fuerzas que tienden a oponerse a la rememoración y a mantener estas vivencias y los deseos asociados a ellas fuera del campo de la memoria. Así ocurre por ejemplo, con la guerra uterina, con el traumatismo del nacimiento, con la escena primitiva, con la castración primaria, con la falsa presencia, con el doble vínculo, con las disputas parentales... con los deseos de incesto y de homicidio...

3. Estudio comparado

Se desprende de forma natural del estudio sistematizado. En efecto, un sueño estudiado en detalle de acuerdo con los cinco puntos de vista va a despertar asociativamente otro sueño, y después otro... que forman una cadena onírica. El estudio comparado del sueño consiste en la elaboración conjunta de cinco a diez sueños que el analizado ha asimilado progresivamente a lo largo de su trabajo. Poco a poco, estos sueños de base, se engranan en los sueños actuales. El estudio comparado del sueño es la culminación de un análisis personal muy completo. Habitualmente, en el análisis personal, me quedo en el estudio sistematizado y utilizo el estudio comparado en análisis didáctico.

Prácticamente, el estudio comparado del sueño comienza por el estudio sistematizado de un sueño escogido, y después otro, y después otros. Poco a poco, las secuencias oníricas de un sueño, directas o surgidas de la elaboración, emiten pseudópodos asociativos hacia una secuencia de éste o de otro sueño. Este sistema pseudopódico entra cada vez más en los detalles y de forma que llega a ser sináptico. Se acaba por obtener una pasta onírica que integra asociativamente a todos los sueños, en material vital, el material actual, los recursos técnicos (sin olvidar el material de las grabaciones que, a menudo se estudia en ese momento). La trama onírica se articula con la trama vital y se confunde con ella desarrollando asociativamente la trama ecuacional que lleva de nuevo los objetos preconscientes a sus equivalentes inconscientes de donde afloran vivencias útero-infantiles, deseos y fantasmas agresivos-sexuales, defensas logradas o fallidas.

Como el estudio comparado del sueño engloba al estudio sistematizado nos pone en contacto directo con la pulsión de muerte-de vida y con la sobredeterminación que se abre a la complejidad infinita del inconsciente: un elemento onírico estalla en mil detalles asociativos que coinciden con mil detalles oníricos, cada uno de los cuales estalla asociativamente en mil detalles... que se disipan en el infinito del inconsciente... ¡ El sueño es infinito!

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  1. Masson, J. M. (1985). The Complete Letters of Sigmund Freud to Wilhelm Fliess, 1887-1904,42:352-354. ⬆︎
  2. S. Fanti y cols., Dictionnaire pratique de la Psychanalyse et de la micropsychanalyse (1983), Paris, Buchet/Chastel, 2003, def. 404. ⬆︎
  3. Ibid., def. 14. ⬆︎
  4. S. Freud, L’Interprétation des rêves (1900), Paris, PUF 1967, p. 517.⬆︎
  5. M. Solms, "Neuroscience", in Textbook of psychoanalysis, Washington DC, American Psychiatric Publishing Inc, 2005, p. 534-546. ⬆︎
  6. E. Kandel, "Biology and the future of psychoanalysis", in American Journal of Psychiatry, vol. 156, n° 4, 1999, p. 505-524. ⬆︎
  7. C. Lasquier, "L’Inconscio e i fenomeni sub-atomici", in Bollettino dell’Istituto Italiano di Micropsicoanalisi, Tirrenia Stampatori, Torino 1986, n° 2, p. 21. ⬆︎
  8. Proust lo había comprendido intuitivamente: en sus textos, utilizaba el sueño como un proceso narrativo que lo conducía a la intimidad más remota de nuestros orígenes. Cf. N. Deschamps, " Le sommeil-rêve comme laboratoire du texte proustien ", in L’infini, l’inachevé, Etudes Françaises, Les Presses de l’Université de Montréal, 30-1, 1994, p. 59-79. ⬆︎
  9. Véase mi artículo "L’aggressività: pulsioni alla stregua di quelle sessuali, ontogenetiche di origine filogenetica", in Bollettino dell’Istituto Italiano di Micropsicoanalisi, Tirrenia Stampatori, Torino 1997, n° 22. ⬆︎